27.12.19

Eres elfo


Miro de reojo a cada esquina, en cada sombra. Una inquietud crece hace tiempo en mí. Las personas a mi alrededor parecen extrañas. Como si no fueran lo que aparentan. Como si hubiera que mirar más allá para ver lo que de verdad son.

Paseando con mi hija, por la tarde en invierno, ella murmulla algo que creo no entender. Pero solo intento engañarme a mí mismo: mis oídos oyen perfectamente. Veo sus labios dibujar las extrañas palabras que hablan a un yo secreto, olvidado. "Creo que si miras bien hay elfos". Si es la tierna voz de mi hija, ¿por qué hiela mi corazón?

Vivo en el temor y la paranoia. Creo ver cosas que no sé si están ahí. Cosas... seres. Unas orejas puntiagudas bajo la capucha de aquel muchacho. Dos ojos brillantes como cigarrillos encendidos me observan desde el otro lado del vagón de metro. El tipo barriendo la basura del callejón está arqueado en una postura imposible. Y juraría que la mendiga a la que acabo de dar unas monedas me enseñó una hilera de dientes afilados al sonreír.

Por las noches me despierto entre escalofríos. Algo me vigila en las sombras. Nos persiguen. Se oye el murmullo de un recuerdo reprimido al que no logro llegar. Un trueno retumba a lo largo de una llanura helada. Esta voz como torcida, la parodia sarcástica de un niño. "Sí lo es, sí lo es".

¿Qué nos está pasando? ¿Qué quieren de mí? Espero la luz de la mañana, pero entre la niebla y la lluvia no distingo el hoy del ayer. Todo es un ahora febril.

Vuelvo a pasear las heladas calles en una tarde oscura. Mi hija, en un trance insólito, murmulla de  nuevo. "Hay elfos". Ahora sí siento haberme equivocado, o deseo equivocarme. Pero ella abre los labios y repite la incomprensible jaculatoria. No, mis oídos no mienten. "Tú también eres elfo". ¿Hay una acusación en sus palabras, acaso una burla?

Me revuelvo en la cama, no puedo dormir. Poco a poco recuerdo, visualizo figuras cada vez más consistentes. Lo veo... el joven encapuchado, el pasajero del metro, la vieja mendiga. "Si miras bien hay elfos". ¿Es posible? Pero me equivocaba. No querían hacernos daño. Ahora lo veo.

Las memoria se abre paso como un parto doloroso. ¡Por fin! Un pueblo... un pueblo condenado. Una maldición que nunca entendí, el destino cruel tal vez. Ahora lo veo, avanza en mí como las raíces de un árbol entre barro y grava. Una llanura helada. Nieve eterna. Y el trueno... no. Risa. ¡Una risa! Un ser grotesco, un rey de la noche roja. La esclavitud. Una cadena de montaje que jamás se detiene, herramientas, el trabajo hasta desfallecer. La carcajada imposible, inhumana, que resuena en el invierno.

Pero algunos pudieron escapar. ¿Pudieron? "Tú también". Ahora recuerdo. ¡Sí, lo entiendo! Oh, horror. "Sí lo es, sí lo es". Algunos pudimos escapar, lo veo al fin. Pero el destino es implacable, el ciclo debe perpetuarse. Al fin lo comprendo. "Sí lo es, sí lo es". Quise vivir una vida humana, amar, ser libre. Pero tarde o temprano el destino te encuentra.

Incluso a través de tu pequeña hija. Que sea ella quien, mediante su infantil ilusión, consiga descubrir tu naturaleza. Me miro las manos. Reconozco ahora las tenues marcas de unos grilletes invisibles, mágicos. Ahora miro bien, lo veo. Las orejas, los ojos brillantes, los dientes... el destino. Mi hija sonríe al otro lado de la oscuridad. Es una sonrisa sarcástica, burlona, llena de desprecio. "Mírate", dice. "Eres elfo".

7 comentarios:

  1. ¿Será Santa Claus? ¿Será el sistema? En cualquier caso, la niña se las trae.

    El sonido de cascabeles en su lado más siniestro.

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  2. Como una pesadilla que se sucede ...
    💙

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  3. Buenísimo. Imposible ver el anuncio ahora de la misma manera :)
    Feliz 2020!

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  4. Un relato genial. Queda de lujo esa forma que has tenido de darle una vuelta de tuerca al anuncio y al mito de Santa. Me ha encantado ; )

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    1. Gracias Ramón, me alegra que te haya gustado.

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