31.12.19

Página 89 (2019)

Para despedir el año haré este juego que consiste en tomar el libro que estás leyendo, o alguno que hayas leído hace poco, y escribir la quinta frase de la página 89. Es una forma de compartir nuestras lecturas, y os animo a que dejéis las vuestras en los comentarios.

Como reflexión, he notado que ahora leo menos que la última vez que compartí mis lecturas, a principios de la década que termina. En esta ocasión me ha costado algo más encontrar libros leídos recientemente, y que os muestro a continuación.

"Debía de haber un encantador en aquella casa, pero ¿quién era?"

El forastero misterioso,
Mark Twain.

"Sintió un profundo afecto hacia él".

Dune,
Frank Herbert.

"Déjenme preguntar, entonces, por qué no solo la Resistencia sino la Segunda Guerra Mundial en su conjunto han sido definidas, en todo el mundo, como una lucha contra el fascismo".

Contra el fascismo,
Umberto Eco.


27.12.19

Eres elfo


Miro de reojo a cada esquina, en cada sombra. Una inquietud crece hace tiempo en mí. Las personas a mi alrededor parecen extrañas. Como si no fueran lo que aparentan. Como si hubiera que mirar más allá para ver lo que de verdad son.

Paseando con mi hija, por la tarde en invierno, ella murmulla algo que creo no entender. Pero solo intento engañarme a mí mismo: mis oídos oyen perfectamente. Veo sus labios dibujar las extrañas palabras que hablan a un yo secreto, olvidado. "Creo que si miras bien hay elfos". Si es la tierna voz de mi hija, ¿por qué hiela mi corazón?

Vivo en el temor y la paranoia. Creo ver cosas que no sé si están ahí. Cosas... seres. Unas orejas puntiagudas bajo la capucha de aquel muchacho. Dos ojos brillantes como cigarrillos encendidos me observan desde el otro lado del vagón de metro. El tipo barriendo la basura del callejón está arqueado en una postura imposible. Y juraría que la mendiga a la que acabo de dar unas monedas me enseñó una hilera de dientes afilados al sonreír.

Por las noches me despierto entre escalofríos. Algo me vigila en las sombras. Nos persiguen. Se oye el murmullo de un recuerdo reprimido al que no logro llegar. Un trueno retumba a lo largo de una llanura helada. Esta voz como torcida, la parodia sarcástica de un niño. "Sí lo es, sí lo es".

¿Qué nos está pasando? ¿Qué quieren de mí? Espero la luz de la mañana, pero entre la niebla y la lluvia no distingo el hoy del ayer. Todo es un ahora febril.

Vuelvo a pasear las heladas calles en una tarde oscura. Mi hija, en un trance insólito, murmulla de  nuevo. "Hay elfos". Ahora sí siento haberme equivocado, o deseo equivocarme. Pero ella abre los labios y repite la incomprensible jaculatoria. No, mis oídos no mienten. "Tú también eres elfo". ¿Hay una acusación en sus palabras, acaso una burla?

Me revuelvo en la cama, no puedo dormir. Poco a poco recuerdo, visualizo figuras cada vez más consistentes. Lo veo... el joven encapuchado, el pasajero del metro, la vieja mendiga. "Si miras bien hay elfos". ¿Es posible? Pero me equivocaba. No querían hacernos daño. Ahora lo veo.

Las memoria se abre paso como un parto doloroso. ¡Por fin! Un pueblo... un pueblo condenado. Una maldición que nunca entendí, el destino cruel tal vez. Ahora lo veo, avanza en mí como las raíces de un árbol entre barro y grava. Una llanura helada. Nieve eterna. Y el trueno... no. Risa. ¡Una risa! Un ser grotesco, un rey de la noche roja. La esclavitud. Una cadena de montaje que jamás se detiene, herramientas, el trabajo hasta desfallecer. La carcajada imposible, inhumana, que resuena en el invierno.

Pero algunos pudieron escapar. ¿Pudieron? "Tú también". Ahora recuerdo. ¡Sí, lo entiendo! Oh, horror. "Sí lo es, sí lo es". Algunos pudimos escapar, lo veo al fin. Pero el destino es implacable, el ciclo debe perpetuarse. Al fin lo comprendo. "Sí lo es, sí lo es". Quise vivir una vida humana, amar, ser libre. Pero tarde o temprano el destino te encuentra.

Incluso a través de tu pequeña hija. Que sea ella quien, mediante su infantil ilusión, consiga descubrir tu naturaleza. Me miro las manos. Reconozco ahora las tenues marcas de unos grilletes invisibles, mágicos. Ahora miro bien, lo veo. Las orejas, los ojos brillantes, los dientes... el destino. Mi hija sonríe al otro lado de la oscuridad. Es una sonrisa sarcástica, burlona, llena de desprecio. "Mírate", dice. "Eres elfo".

7.12.18

Cuatro inviernos

Pensé en los años desde que dejamos de vernos. Me golpeó la palabra. "Años". ¿De verdad ha pasado tanto tiempo? ¿Era yo tan joven? Pero en mi mente es como ayer. Tu cara no ha cambiado, ni tu pelo, ni tu olor. Debes ser tan distinta... pero tu versión de entonces permanece congelada en mi interior. Una imagen viva de nosotros a la que viajo a menudo, de la que nunca logro irme.

Es hora de avanzar, me digo. Ya ha pasado el tiempo. Años. Serás otra. Quizá incluso estés casada. Pero en mi cerebro todo es como era, como pudo haber sido. Tu cuerpo es el mismo, y tu sonrisa, tu calor. Querría dejar esos recuerdos ir, volverse ceniza. Pero no puedo. Tu fantasma me atrapa y me arrastra a la pequeña habitación donde guardo tu memoria, me hace prisionero junto a ella... y no me quiero liberar.

19.4.18

'Crónicas del fin', de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

En mayo sale en papel Crónicas del fin, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina. El libro ya lo habían autoeditado ellos por entregas en digital - con ilustraciones muy chulas de Libertad Delgado - y la primera me enganchó lo suficiente como para comprar las otras cuatro. Lo cual no es decir poco, tal y como está la economía.

En general Crónicas del fin me gustó y me alegró descubrir un buen título de literatura fantástica en castellano. Creo que no disfrutaba tanto un libro español del género desde que leí a Javier Negrete. No quiero ponerme proteccionista - Crónicas del fin tiene sus propias virtudes - pero siempre es agradable encontrar fantasía en tu idioma que no sea un mejunje rancio a base de mezclar a Tolkien con Weis y Hickman.

Crónicas del fin narra las aventuras de un grupo de personajes tiempo después de que la Tierra se atacada por unos misteriosos seres de pesadilla. No quiero detenerme demasiado en el argumento ni reventarlo, así que dejo un extracto de la sinopsis:

Adrastea (Adra para amigos y enemigos) recorre este mundo de terror en busca de monstruos a los que dar caza. Así es como sobrevive. Así consigue dinero para los hechizos de su lanzaensalmos y para pagar su habitación en Testamento, uno de los pocos bastiones que todavía ofrecen protección a lo que queda de la raza humana.

Es imposible condensar en un comentario todo lo que compone un libro, más aún uno con tantos matices como éste. Prefiero centrarme en los puntos en que brilla más y, sobre todo, analizar algunos elementos que me han interesado especialmente. De la forma apuntaré brevemente que la narración es ágil y divertida y el mundo está muy bien construido.

Es en la fantasía donde destaca Crónicas del fin. Como mencioné antes, los elementos sobrenaturales son genuinos y no una mera excusa para apoyar el argumento. Dicho claramene, lo importante son la trama y el universo que la sustenta, no descubrir a cuál de los dos tipos que se pelean por ella elegirá la protagonista.

Pese a que se la puede encuadrar en lo que hoy se llama young adult, esta novela contiene fantasía dura. Está llena de magia, engendros y criaturas - a cada cual más rara - prodigios y aventuras. La estética es grimdark con trazas de horror cósmico, algo alejado de la epopeya estándar y, desde luego, no el subgénero más explorado en nuestro idioma

Pero aun en su estilo particular, Crónicas del fin no carece de influencias. Personalmente, he querido ver reminiscencias de StarCraft. Lo digo por pura intuición, pero creo atisbar algo de los zerg en aquellos enjambres de pesadilla, esas moles que flotan silenciosas en el cielo o el modo en que los monstruos transforman la realidad para acomodarla a su propia y extraña naturaleza. Campbell y Cotrina habrían logrado introducir en su obra elementos de un medio muy distinto, el videojuego. No sé si acertaré o no, pero en cualquier caso la fusión es uno de los mayores atractivos del libro.

La mezcla es inherente a Crónicas del fin. Encontramos recursos de la ciencia-ficción adaptados a un universo mágico: las naves voladoras, las armas de fuego o recursos tan infrecuentes en el género fantástico como las drogas tienen una explicación fantástica. La propia premisa del libro - la invasión de la Tierra por seres de otros mundos - es la reinvención de un concepto clásico desde nuevos puntos de vista.

Pero son los guiños y referencias lo que a mí más me ha gustado.. Soy muy fan de los libros que incluyen “huevos de Pascua” para que el lector los vaya encontrando. Crónicas del fin está llena de alusiones a la mitología clásica, a la Biblia o a su propio universo. Antes de analizar algunos ejemplos quiero avisaros de que, si bien no hablaré del argumento, sí comentaré algunas cosas de los personajes; quizá prefiráis volver a los siguientes tres párrafos después de terminar el libro - si no lo habéis hecho ya - y compartir vuestra opinión en los comentarios.

Referencias culturales y trasfondo


La protagonista, Adrastea, tiene nombre de ninfa griega. Adrastea era una de las personificaciones de Némesis, la diosa de la venganza. No parece casual, ya que la venganza es precisamente una de las motivaciones del personaje por la muerte de su madre, Rhea, quien a su vez se llama como una de las titánides de la mitología griega. Pero Rhea era también la madre de los gemelos Rómulo y Remo - los que hayáis leído el libro encontraréis relevante este detalle -. Décima, otro personaje principal, comparte nombre con una de las Parcas romanas.

Crónicas del fin incluye asimismo referencias bíblicas. Es el caso de Elyon, uno los muchos apelativos de Dios; concretamente significa "el Altísimo" - mientras que la segunda entrega de la serie se titula, precisamente, El dios en las alturas -. Los seres que invaden nuestro mundo son los leviatanes, nombre del legendario monstruo del Antiguo Testamento. Absalón, por su parte, era uno de los hijos del rey David. La narración juega bastante con este tipo de elementos: los cruzados, la cruz, el vago recuerdo que sobrevive del mundo anterior y sus creencias; esto da profundidad al trasfondo y lo dota de un cierto misterio.

Junto a la mitología, los autores se valen del lenguaje para dejar pistas a los lectores. Es el caso de Gale, uno de los personajes centrales, cuyo nombre significa significa “tormenta” en inglés. La última metáfora, que la propia autora dejó entrever hace tiempo en un artículo de su blog, corresponde a Winston, el galgo de Adra: podría aludir a la depresión a través de Winston Churchill, de quien se dice que la sufría y se refería a ella como su “perro negro”. El animal sería así una alegoría viviente de la enfermedad - que acompaña a Adra a todas partes -.

Seguro que las que menciono no son todas las referencias; sin duda se me escapan muchas de ellas y quizá haya equivocado otras. Sería interesante que intentéis hacer vuestros propios hallazgos si leéis el libro. A mí personalmente me gusta mucho, le da otra dimensión a la lectura y es divertido, como ir encontrando los secretos en un videojuego. Denota ambición narrativa y confianza en el lecto, y este tipo de técnicas ayudan a tejer un universo sólido que podría expandirse mucho en el futuro.

Crónicas del fin es literatura fantástica de calidad; explora caminos no tan manidos, toma recursos de lugares muy distintos y añade los suyos propios. Para mí ha sido también la ocasión de acercarme al trabajo de Cotrina, que no conocía, mientras que de Campbell ya había leído su colección de relato breve, Lectores aéreos. Es, en definitiva, un título apto para cualquier aficionado hardcore del género, pero lo recomiendo a cualquiera que disfrute con la buena narrativa en general.

5.4.18

Sauron da más miedo que Cthulhu

O Tolkien da más miedo que Lovecraft, pese a que éste crease un universo de terror del que nació todo un subgénero. Su obra se basa en la premisa de que el ser humano habita una negrura cósmica que esconde horrores más allá de su entendimiento. La idea en sí es muy buena, pero creo que la ejecución podría mejorarse.

El terror de Lovecraft es muy plástico. Es demasiado informativo si lo comparamos con el de Stephen King, por ejemplo, que se basa precisamente en lo que no sabes. El horror cósmico en teoría bebe de lo desconocido, pero Lovecraft siempre arroja luz sobre aquellos espantos supuestamente indiscernibles.

Leí en un foro que el problema con Lovecraft es que su literatura no se había pensado para ser representada visualmente, algo que en la red es continuo, ya que juega con la imposibilidad y la aberración. No es mala teoría, pero lo cierto es que el terror de Lovecraft ya era terrenal antes de internet. La llamada de Cthulhu, por ejemplo, contiene una descripción detallada del principal dios lovecraftiano, tirando por tierra la idea de que sus horrores no encajan en el mundo material.

Las abominaciones de Lovecraft son, después de todo, monstruos con tentáculos. De mayor o mayor tamaño o con más o menos bocas babeantes, pero al fin algo tan clásico como monstruos devoradores de hombres en lugar de las abominaciones no eucledianas que, en teoría, deberían ser.


Aunque no era su campo, sin embargo, hay algo de terror cósmico en la obra de Tolkien. Creo que Sauron - y antes que él, Melkor - son dos buenos ejemplos narrativos de lo que yo imaginaría como el antagonista de una novela de este género. Sauron aporta una oscuridad y una inquietud que Cthulhu no consigue.

Las entidades de Tolkien son también terrenales, pues quieren arrasar el mundo y establecer un régimen de tinieblas de forma más o menos humana. Pero el británico dotó a sus personajes de naturalezas complejas. Sauron tiene una dimensión mundana que es representada por los orcos, encarnación de la violencia y la brutalidad. Del otro lado, no obstante, Sauron es también lo desconocido. Es lo de fuera, lo que no podemos ver. Habita en un plano a la que el ser humano no puede llegar y cuya espantosa extensión apenas logra intuir.

Los reyes caídos bajo el embrujo de Sauron, los naz-gûl, representan el único y espeluznante vínculo entre la abominación y lo humano, entre la oscuridad impenetrable y el mundo conocido. Son la mejor muestra de que el horror de Sauron y Melkor tiene un poder corruptor. La capacidad transformadora del terror es uno de los recursos más perturbadores del género, y de los menos explorados. En Lovecraft se vislumbra a través de los diferentes cultos y sociedades secretas, pero en mi opinión está mucho más desarrollado en la Tierra Media.

Por el poder de Sauron los reyes pasaron a ser espíritus de pesadilla. De los elfos, sin que entendamos cómo, Melkor produjo a los orcos. La tierra fértil se degradó hasta convertirse en la devastación de Mordor. Sauron atrapa a quienes le siguen en una autodestructiva fascinación. Puede alargar sus vidas de forma grotesca hasta arrastrarlos a un mundo de oscuridad como le ocurrió a Gollum, o conducirlos a la locura y la condenación como a Isildur.

Uno de los mejores ejemplos del horror según Tolkien está en el pasaje donde el Rey Brujo amenaza a Eowyn en El retorno del Rey:

No es tu vida lo que arriesgas perder si te atreves a desafiarme; a ti no te mataré: te llevaré conmigo muy lejos, a las casas de los lamentos, más allá de todas las tinieblas, y te devorarán la carne, y te desnudarán la mente, expuesta a la mirada del Ojo sin Párpado.

Lo maravilloso de esta cita no es lo que dice, sino lo que no dice. ¿Qué son las casas de los lamentos? ¿Qué hay más allá de todas las tinieblas? ¿Qué quiere decir con que le desnudarán el alma, con que la expondrán?

Una lista de preguntas que podemos ampliar cuanto queramos; al final y al cabo, ¿quién es Saron? ¿Qué es? De él solo tenemos nociones. El ojo sin párpado. La extraña forma en que el Anillo pesa cada vez más a quien lo lleva. La sensación de ser vigilado, que atormenta a Frodo. La sombra que le queda dentro para siempre. El modo en que su contacto corrompió hasta la aberración a Sméagol.

Sin pretenderlo, Tolkien dibujó un universo de tinieblas como los que fascinaban a Lovecraft. Pero Sauron no es un enorme monstruo que se limita a abrir la boca para devorar a sus víctimas. En el discurso del Rey Brujo se halla lo más revelador: "te llevaré conmigo muy lejos". Es un mal de otra realidad. Sauron es un horror que nos sobrepasa, que no tiene forma. Es el terror puro, lo desconocido. Sauron puede desnudarte el alma.

22.2.18

Los sistemas de Google

El otro día me pregunté qué pasaría si fallaran los sistemas de Google. Todo lo que contiene mi blog está almacenado en algún ordenador de California o en cualquier otra parte del mundo. Si Google colapsara, lo que he escrito en estos años desaparecería.

Quizá avisaran a sus usuarios y dieran un plazo razonable para descargar los datos pero, ¿y si no pudieran hacerlo? ¿Y si la compañía sufre una bancarrota súbita? ¿Y si es afectada por un pánico bursátil? O aún peor, una caída total del sistema o un fallo en las fuentes de energía. Entonces no tendría tiempo de reaccionar y mis relatos se perderían como lágrimas en la lluvia.

Cierto es que algo muy serio debería ocurrir para que Google sucumbiera, y tal vez lo último que me preocupara entonces fueran mis escritos. Qué estúpido, pensé, acordarse de unos cuantos textos en una situación así. Pero a mí, sin embargo, me parece importante.

21.5.15

Tántalo

Todas las noches, cuando me duermo, me convierto en Tántalo. Porque te veo en una cama ante mí. Y estás desnuda. Y tienes la piel muy suave. Y tu pelo es rizado. Y tus pechos son perfectos. Y tus caderas. Y tus piernas. Y tu cuerpo entero. Y yo extiendo mi brazo, porque quiero tocarte. Y abrazarte. Besarte. Tenerte. Y no puedo. No puedo. Nunca puedo.

21.4.15

Los huracanes

Cuando un huracán llega a una ciudad arrasándolo todo, lo normal es que la gente huya despavorida. Que cada uno agarre lo que pueda y salga corriendo. Esto sería lo natural, pero no siempre sucede así. Algunos, en lugar de huir, quieren acercarse a él.

Sí, hay quien ve un huracán entrar por la puerta y sólo quiere abrazarlo. No es que no sepa que es un huracán, claro. Lo sabe perfectamente. Pero tal vez piensa que este huracán es diferente a los otros. A lo mejor cree que el huracán no va a hacerle daño. O sabe que se lo hará, pero ya se preocupará por eso más tarde. Así que olvida todo y corre a su encuentro. ¿Y qué ocurre con él entonces? Pues que el huracán hace lo que hacen los huracanes: engullirlo y destrozarlo.

7.4.15

El cuerpo

Se despierta muy temprano, se levanta y entra al baño para asearse. Después de afeitarse y cepillarse los dientes vuelve a su alcoba y se coloca la ropa del trabajo, que está fría tras pasar la noche sobre una silla junto a su cama. Acude a la cocina, donde escucha la radio mientras pone una cafetera y unta unas tostadas con mantequilla

Entra al salón sin dar los buenos días a la figura que está sentada a la mesa, donde deposita la bandeja con el desayuno. Duda si encender la tele y, decidiendo no hacerlo, sube una cuarta la persiana. Por el cristal entra una luz ambarina y la calle trae el ruido del tráfico. El aire está frío, aunque el sol empezará a entonar y será un día caluroso.

Toma una silla y se sienta ante las tostadas y el café caliente. Frente a él hay una persona tapada de pies a cabeza por una sábana blanca. Antes de empezar el desayuno se incorpora y extiende los brazos hasta ella, apartando la tela para descubrir un rostro momificado. En la cara no hay ojos ni labios, sólo dos cuencas vacías y una imborrable sonrisa de calavera. Donde estaría la nariz hay dos orificios. El pelo, en cambio, está intacto.

Él come y da sorbos a la taza humeante. Se frota los ojos, bosteza. Todavía no se ha espabilado. Entre bocado y bocado habla con la figura que tiene delante. Le comenta cómo fue el trabajo el día anterior. Llegué tarde y no quise despertarte, dice. Le explica la tarea que tiene para hoy y a qué hora espera regresar. Ojalá no pille atasco, quiere cenar en casa. Se queda en silencio y escucha el ruido de la mañana. Mira el reloj en su muñeca, se hace tarde. Le desea un buen día. Nos vemos a la noche.

Lleva los restos del desayuno a la cocina y los deja en la fregadera. Prefiere no entretenerse, ya lo recogerá todo luego. Cuando regresa al salón para coger la cazadora y las llaves se para un segundo junto a la figura que sigue sentada a la mesa. Le acaricia con suavidad las mejillas momificadas. Después la tapa de nuevo con la sábana blanca.

En el ascensor toma un cigarrillo y se lo pone en la boca. En un raro momento de lucidez se pregunta cuánto durará eso. Cuándo descubrirá alguien lo que tiene escondido en su casa desde hace más años de los que quisiera recordar. Después se abren las puertas y sale al rellano. Enciende el pitillo y decide olvidar el tema. Empieza un nuevo día.